Wednesday, 16 April 2014

La esperanza de Ashaiman City






Continental Basic School, en el barrio de Ashaiman.
Continental Basic School es mucho más que una escuela primaria perdida en el medio del caótico barrio de Ashaiman. Es mucho más que un edificio enclenque, cuya construcción no está terminada y en el que hay bloques de cemento y restos de hormigón por todas partes. Es el lugar donde conozco, siento y experimento la vida desde otra perspectiva,  un lugar donde la rutina  me lleva a comprender cómo  se  percibe y se entiende la realidad desde este lado del mundo, desde África; un continente  infinitamente rico e inmensamente pobre a la vez; un tesoro natural, cultural , lleno de rincones aún por descubrir y explorar; que contrasta trágicamente con la pobreza, el hambre y el sufrimiento que atormenta a millones de africanos.

A simple vista el edificio de nuestra escuela parece en ruinas, uno podría pensar que está abandonado, si no fuera por las risas y  voces alegres de nuestros alumnos que se escapan por las ventanas  llenando el aire de una armonía que no se puede describir, sólo sentir.

Entrada de la escuela.
Ashaiman es uno de los 10 distritos de Greater Accra, la región donde se encuentra Acra, la capital del  país. Es un barrio  desordenado, ruidoso, con gente que  camina alborotada en medio de  una encrucijada de calles polvorientas, mal diseñadas, que se juntan  unas sobre otras, creando un flujo de tráfico  loco y  sin sentido. Las alcantarillas y resumideros están completamente abiertas.

Uno puede ver las aguas residuales, y basura emergiendo del interior de los canales que también hacen de desagües.La gente escupe y orina en esas alcantarillas, conectadas también con los baños públicos de la estación. El olor que emana de esos pozos llenos de mugre, impregna todo el ambiente.


En las calles de Ashaiman  la gente  habla a los gritos, vende, compra, pelea, sufre, llora, ríe, baila. Todo un escenario de emociones abierto al público. La estación  de transportes está siempre colapsada por tro tros, camiones y autobuses que entran y salen a cada minuto. El ruido es atronador.

 Los vendedores deambulan por los espacios libres entre  los vehículos, cruzándose entre ellos, empujándose y corriendo de un lado para el otro; siempre listos para vender sus productos: piñas, mangos,pan, agua, jabones, linternas, chicles, comida casera y toda una amplia gama de artículos que uno parece necesitar precisamente en el momento en el que el vendedor se asoma por la ventana del tro tro enseñándote su mercancía; como cargadores de teléfono, crédito para llamadas, pilas, tijeras o bolígrafos.

Alcantarillas abiertas en el barrio de Ashaiman.
 El aire en Ashaiman es denso, cuesta respirar en medio de todo el polvo que se levanta  del suelo con el paso de los vehículos y peatones. La música suena a todas horas en  los negocios callejeros y puestos ambulantes: todo un repertorio de melodías africanas que van desde el estilo góspel, reggae, pop y  cánticos tradicionales, hasta el rap más moderno impulsado por artistas ghaneses como Sarkodie, Castro y Shatta Wale.

Ashaiman CITY o  The United States of Ashaiman, tal y como  algunos  taxistas la llaman irónicamente para asociarla a los Estados Unidos (un país admirado por la mayoría de los ghaneses) está compuesta por numerosas barriadas pobres y  suburbios marginales que adoptan nombres como New York, Washington, Líbano (donde se encuentra nuestra escuela), Jericó, etc.

Todas estas zonas reflejan la verdadera realidad social de este país,  la realidad de la gente que lucha cada día por sobrevivir, por ganar unas pocas cedis  (moneda local) que les permita comprar algo de comida  y así poder alimentar a sus familias; siempre tan numerosas, siempre llenas de niños  y bebés que caminan por las calles  jugando entre los  coches y los residuos que se acumulan en todas partes.

-'Obruni, la vida aquí  es dura, no hay dinero, no hay trabajo, no hay futuro'...

Escucho esta frase diariamente y con la tristeza de comprobar en primera persona,  que desgraciadamente para la mayoría de este pueblo, no hay ni habrá salida hacia un futuro mejor; no llegará ningún tipo de ayuda.

'Main road' en el barrio de Ashaiman.
Ashaiman es un lugar olvidado por la clase dirigente de este país, ignorado por las autoridades; sólo recordado en el momento de las elecciones puesto que es fácil conseguir votos entre esta gente: con un poco de arroz y unas pocas cedis se puede comprar el resultado de unas elecciones.

Esta afirmación no es en absoluto descabellada, se compra el voto del pueblo en muchos países mucho más ricos y educados que Ghana, por lo que  no es ilógico que un pobre padre de familia numerosa, sin educación ni trabajo decida votar al candidato de turno sólo a cambio de comida y falsas promesas como: la construcción de una calle central pavimentada o un ambulatorio a la vuelta de su casa. Promesas que para cualquier ciudadano de un Sistema democrático bien desarrollado resultarían insuficientes.

Lamentablemente, tras las elecciones, se darán cuenta de que las carreteras seguirán siendo de polvo y que el hospital no se construirá nunca. Quizás sí que se termine el edificio ( para que el candidato pueda sacarse la foto y publicarla en la prensa) pero no funcionará  nunca como hospital con personal sanitario.

¡¡ He visto tantos edificios sin terminar, construidos con un propósito concreto para luego acabar convirtiéndose en vertederos de basura, lugar de venta de animales, baños públicos o espacios para gente que no tiene dónde dormir!!

Un día normal en Ashaiman.
Es siempre el mismo problema: corrupción política y empresarial, especulación  y explotación de ricos sobre los pobres, marginalidad y olvido del sufrimiento ajeno. ¡Siempre igual! El esquema se repite en todos los barrios y zonas pobres del mundo. Hoy vivo en Ashaiman pero la misma escena, o incluso peor, podría repetirse en cualquier slum de un país pobre.

En la vida es fundamental mantener siempre la esperanza ante la adversidad, las frustraciones personales o las decepciones que nos puedan surgir en el acontecer de la  cotidianidad. La esperanza es lo último que se pierde...o eso dicen...

Pero ¿ qué pasa cuando ya se nace sin ella? ¿Cuándo se crece en un entorno hostil que nunca da cariño ni consuelo?

 Ashaiman es el lugar donde más tiempo he pasado en mi estadía en Ghana; recorriendo sus calles, sus mercados, compartiendo experiencias de la vida diaria con la gente que se acerca para charlar, para preguntarme de dónde soy, qué hago aquí, cuándo vuelvo a mi país; pedirme si por favor  puedo ayudarlos a encontrar un trabajo, o si puedo comprar algo en sus puestos.

Se desaniman  cuando descubren que no trabajo para ninguna empresa multinacional y que no ganamos dinero con las actividades que hacemos en la escuela como voluntarias.

-'Obruni, no salary. Obruni, no money'. No lo terminan de creer.

Acra está llena de gente extranjera rica: embajadores, directores de empresas millonarias, trabajadores de organizaciones internacionales como Naciones Unidas, Acnur, Unicef, Cruz Roja y gente de negocios que trabaja fundamentalmente en proyectos de ingeniería, explotación de gas y petróleo o, en el caso de la Región Ashanti; en la explotación y venta de oro.  De ahí a que la gente pobre asocie la idea de que ser extranjero, especialmente si uno es de raza blanca; implica directamente ser absolutamente rico.

Un día normal en Ashaiman.
De ahí viene también, su  afán de persecución  cada vez que ven a un obruni ( tal y como nos llaman aquí, es la palabra que usan en la lengua local para  referirse a un hombre o una mujer blanca).  Se acercan para vender cosas, proponernos negocios o incluso matrimonio. Esta idea surge al ver el nivel de vida que llevan los 'obrunis' en Ghana, en general. Lógicamente ésto les hace pensar que al trabajar con extranjeros; el éxito y la fortuna que éstos disfrutan, también les beneficiará a ellos.




El sistema en el que funciona nuestro mundo continúa fomentando estos comportamientos sociales, que deberían ser erradicados, pero que lamentablemente se siguen promoviendo: ricos  que disfrutan mostrando  a los demás el lujoso estándar de vida que llevan y pobres anhelando ser ricos, para poder llevar ese mismo nivel de vida con el que tanto sueñan y sólo ven por televisión, en las películas o series, en su mayoría norteamericanas.

¡Por eso estamos como estamos!
Por este motivo las nuevas generaciones se estancan si sus máximas aspiraciones residen simplemente  en convertirse en famosos, ser admirados a nivel mundial y vivir en el lujo de una desmesurada comodidad.

Probablemente si diéramos un millón de dólares a uno de los conductores de tro tro de la estación de Ashaiman, iría inmediatamente a comprarse un coche de lujo como el que tienen Messi o Cristiano Ronaldo. ¡Esa sería su máxima aspiración! La mayoría de los hombres jóvenes de Ashaiman admiran a futbolistas y raperos. Todos desean ser como ellos y  llevar exactamente el mismo nivel de vida. Aspiraciones demasiado superficiales, demasiado vacías; que desaprovechan el  inmenso potencial existente en la mente humana cuando ésta se enfoca en alcanzar metas más solidarias, que buscan propagar el bienestar a nivel colectivo y en beneficio de toda la comunidad en lugar de centrarse únicamente en satisfacer  el bienestar  y el ego propio.

Jóvenes vendedores.
El grado de admiración que sienten por estos ídolos es tal, que ellos  también desean con todas sus fuerzas  ser reconocidos o admirados aquí en su zona, dentro de sus posibilidades y con todas sus  limitaciones. Buscan convertirse en líderes o personajes  admirados dentro de su círculo de amistades. Incluso puede que nuestro conductor de tro tro, ahora  imaginariamente millonario; nunca abandonara el barrio  porque disfrutaría mostrando sus nuevos excesos económicos a sus propios vecinos. Disfrutaría siendo estrella en el único lugar donde puede sentirse superior a otros: en Ashaiman destacaría sobre los demás.

 Presumir de ello le haría sentirse importante y superior a los otros. Es el mismo esquema que siguen  muchas de las sociedades de los países ricos siempre tan enfocadas en  acumular bienes y ocupar una posición social que les permita sentirse importantes dentro del sistema. Los ciudadanos de países pobres, copian los modelos de comportamiento social  que perciben de los ciudadanos de países ricos. Evidentemente, salvando las diferencias económicas ¡claro!, pero  aún así; aquí entre la pobreza de las calles de Ashaiman se puede encontrar el mismo afán por ser  o sentirse mejor que el  vecino. En esencia lo mismo que en Europa y en otros países ricos.

Así es como funciona la mentalidad humana cuando no está educada moralmente, cuando no está cultivada en valores, cuando carece de una  perspectiva  de  inteligencia emocional más profunda. Es entonces cuando vivir consiste meramente en acumular bienes o éxitos personales y profesionales; para presumir de ellos frente a otros: un plan de vida  tristemente mediocre, mal enfocado desde su inicio y  condenado al fracaso existencial .Sin embargo, aquí la vida es difícil desde que uno nace hasta que se muere, incluso envejecer  se convierte en una tortura cuando uno no dispone de los recursos básicos.


Según la publicación del World Gazetteer del año 2012, se calcula que en Ashaiman hay unas 300.000 personas. Yo diría que la cantidad se tripicla pero ésto se debe a mi percepción dentro de las zonas marginales y villas apartadas, que no puedo distinguir si forman parte o no de Ashaiman como distrito.

La mezcla de personas provenientes de distintas regiones, tanto de Ghana como de otros países africanos como Mali, Etiopía, Libia, Paquistán o Irán; es muy interesante. Uno puedo distinguir la diferencia de rasgos,   grupos étnicos, clanes, sus distintas religiones y sus costumbres.

Alcantarillas abiertas.
Las mezquitas se entrecruzan con las Iglesias cristianas  ( Católicas, Carismáticas, Presbiterianas, Metodistas, etc...). Así es como uno puede escuchar la llamada del muecín a la oración  para los musulmanes, a la vez que se oyen los cánticos cristianos que se cuelan por las distintas iglesias, siempre con las puertas abiertas, por lo que cualquiera que pase por la calle tiene acceso a ver qué es lo que pasa en el interior.



 ¡Sí!  Ashaiman es un barrio único. Siempre será  un lugar especial para mí. Es la zona donde está nuestra escuela, donde viven nuestros alumnos con sus familias y también muchos de mis amigos. Es un rincón perdido en el mundo en el cual, a pesar de su desorden logístico; siempre me he sentido segura y tranquila.

Los desagües abiertos en las calles de Ashaiman.
La primera vez que fui a Ashaiman, mantenía la vista fija sobre el suelo todo el tiempo, intentando esquivar los pozos y alcantarillas abiertas (gutter) y evitar  caerme. Si uno se descuida corre el riesgo de tropezar y  caer  en uno de estos pozos, como el que se aprecia en la foto. Sobretodo teniendo en cuenta que  uno nunca camina solo, sino que una procesión de vendedores, taxistas y gente en general te acompaña, dondequiera que vayas; siempre hablando, haciendo chistes, ofrenciéndote sus productos y haciéndote mil preguntas.


Tras un año viviendo aquí, conozco las calles de memoria y hasta de noche me es posible caminar sin peligro de caer. No hace falta mencionar que no existe alumbrado público y que cuando a las seis de la tarde, la luz del sol nos abandona; la oscuridad total se apodera de las calles de Ashaiman y de la mayoría de los barrios de Ghana. Sólo la luz de velas, lámparas de queroseno o coches perfilan las siluetas de personas deambulando, y alumbran fugazmente los rincones callejeros.


  La percepción general del barrio, transmite a uno la sensación de estar en un gran bazar, presionado por una multitud de gente que circula en distintas direcciones. Para conocer Ashaiman es  importante relajarse, dejarse llevar por el flujo humano que empuja constantemente, pero sin perder el rumbo.

- 'Obruni ou ko ahe' ( ¿A dónde vas?)
- 'Me ko sukum, Sir'. ( Señor, voy a la escuela)

La pregunta se repite desde que salgo de mi casa hasta que vuelvo de la escuela.A pesar de verme a diario en la estación, siguen ofreciéndome ayuda para indicarme direcciones porque siempre creen que  puedo estar  perdida, o que no sé llegar a mi lugar de destino. Todos siempre se  preocupan porque no es frecuente encontrar chicas 'obrunis' de nuestra edad en mitad de estas calles.

Así es como en medio de esa marea humana me abro paso para 'saltar' al tro tro que me llevará a la zona de Libano, donde me esperan los alumnos en la escuela.

El ruido de la estación, los animales pasando en medio de la calle y la música, llevan a uno a perder la noción del tiempo. En Ashaiman es de día o es de noche, hay luz o está todo oscuro; pero el tiempo tal y como nosotros lo conocemos; no existe. Las horas no se cuentan; sólo pasan sucesivamente, una tras otra en el transcurrir de la monotonía diaria.

Las cabras están en todas partes.
'El tro tro sale de la estación cuando se llena de pasajeros, los vendedores esperan eternamente a que alguien les compre algo, los taxistas aguardan sin prisa la llegada de clientes, si llueve... toda la actividad cesa y la gente se sienta a contemplar la lluvia, ¡a veces durante horas!

Así es como yo percibo este lugar que es a la vez tan especial para mí y  tan distinto a mi realidad antes conocida.




Puede que mi descripción  resulte un tanto deprimente pero sin embargo, Ashaiman está cambiando. No es el mismo barrio que era hace 10 años atrás ni será el mismo en la próxima década. La Educación que ofrecen las escuelas están abriendo nuevos horizontes que, quizás con el paso de muchos años; permitirán que las nuevas generaciones de ghaneses puedan marcar una gran diferencia en la forma en la que actualmente se desarrolla la política y los negocios en este país. Ellos son el futuro.

Nuestros alumnos en época de exámenes.
Ghana tiene un sistema educativo público con muchos puntos débiles que reforzar: escasa inversión económica en la construcción de escuelas y equipamiento de material escolar, insuficiencia de profesorado cualificado y falta de apuesta por la pedagogía educativa en lugar del uso de la autoridad impuesta por la fuerza en las aulas; por parte de los maestros que tienden a bloquear la capacidad participativa  de los alumnos,  al impartir clases  monótonas en las que se castigan los errores cometidos y no se motiva el autoaprendizaje del alumnado.




Pese a estas debilidades, la labor de las escuelas está impregnando huellas en los miles de niños y niñas que acuden diariamente a las aulas a aprender. No sólo se les enseña a leer y a escribir en inglés; un idioma que les permitirá poder comunicarse a nivel internacional; sino que también descubren  otras formas de vida más allá de los límites de la periferia de Ashaiman. El mundo se abre para ellos cada vez que adquieren un nuevo conocimiento. ¡¡¡Sí!!! Algo está cambiando en Ashaiman y es gracias a la educación de los más jóvenes.

Por eso la escuela y nuestros alumnos inspiran tanta esperanza e ilusión. Por eso,  verlos leer y aprender con una mirada que nunca parece saciarse de conocimiento, me llena de alegría y me lleva a confiar en que finalmente, sí que hay esperanza en el barrio de Ashaiman, sí que habrá un futuro mejor.

Exámenes en Continental School,,class 5 and 6.Quinto y sexto de primaria.





























Thursday, 27 March 2014

Cuando vivir cuesta la vida misma





El sufrimiento forma parte de nuestra historia como humanidad desde su más recóndito origen.

Joven obrero quemando la basura que se acumula en las calles.
Joven obrero quemando la basura que
se acumula en las calles.
Pobreza, hambre, guerras y enfermedades  azotan a millones de personas  que viven sumergidas en miserables condiciones de vida; una cruda realidad que  afecta a gran parte de la población mundial, mientras que las zonas ricas del mundo continúan  creciendo y acumulando riquezas.

 ¡Unos tan pobres, otros tan ricos! y en medio una clase social  trabajadora que tira del carro movilizando los sistemas económicos, luchando por que no se colapsen. Sin embargo, en la práctica los sistemas siempre se colapsan. La corrupción política, la especulación financiera, el desmesurado afán de riqueza de quienes dictan las reglas del mercado y la falta de solidaridad entre las personas en general; nos llevan directamente al desencadenamiento de crisis, en distintos niveles y en distintas partes del mundo.

Crisis porque no hay trabajo, crisis porque no hay dinero, crisis porque no hay futuro, crisis porque no hay valores.



Señora trabajando en la producción de aceite de palma.
Señora trabajando en la producción
de aceite de palma.

Nadie puede elegir el país en el que nace, al igual que no elegimos la familia a la que pertenecemos, ni la situación económica que; bien  nos respalda o bien nos condena, desde nuestra llegada a este mundo. Es posible afirmar que existen una serie de factores externos, ajenos a nuestro control que determinarán en gran parte; el rumbo que tomará nuestra vida, desde los primeros años de nuestra infancia.

Pero la realidad práctica está plagada de ejemplos en los que muchas personas han conseguido cambiar completamente el rumbo forzado que llevaban sus vidas, como consecuencia de estos factores externos; arriesgando, tomando iniciativas y convirtiéndose en  capitanes de sus propios destinos. Unos cambian para bien, otros cambian para mal.


La cuestión es  preguntarse cómo se llega a ese punto, en el cual nos hacemos responsables de nuestros propios actos y dejamos de echarle la culpa de lo que nos ocurre a terceros.

Joven vendedor de Ashaiman partiendo un coco que venderá a menos de 0,30 céntimos de Euro.
Joven vendedor de Ashaiman partiendo un coco
que venderá a menos de 0,30 céntimos de Euro.
Evidentemente quien nace en un  barrio marginal;  parte con desventaja frente a quien nace en el seno de una familia acomodada. Omitiendo el factor del apoyo familiar, y centrándonos en los beneficios que ofrece el modelo de Estado del bienestar del que se benefician algunas sociedades, podríamos destacar que las oportunidades que tiene un ciudadano de un país rico de labrarse un futuro productivo; superan ampliamente el número de oportunidades que tiene un ciudadano de un país pobre. No hablamos, en este caso de oportunidades concedidas a base de esfuerzos personales o méritos propios, sino de oportunidades que se nos presentan  simplemente  por el hecho de haber nacido en la parte rica o pobre del mundo; por el hecho de partir con ventaja o con desventaja en la carrera de la vida. Hablamos de factores  ajenos a nuestra voluntad.

Jóvenes obreros del barrio de Ashaiman, Greater Accra.
Jóvenes obreros trabajando en Ashaiman.
Es precisamente en este punto, donde surge el debate sobre cómo aquellos que han salido más beneficiados en el reparto de oportunidades; podrían contribuir modificando el transcurso de las vidas de aquellos más desfavorecidos, cambiando sus destinos, ayudando a limar las diferencias establecidas por un sistema económico del que todos formamos parte; garantizando un progreso igualitario a nivel mundial que ayude a reducir la brecha económica entre países desarrollados y países  no desarrollados.

¿Es nuestra meta final  como seres humanos culminar sólo nuestras propias aspiraciones personales o estamos aquí para hacer algo más, para llegar más allá, para trascender hasta el fondo de nuestra cuestión existencial?  Si hemos sido beneficiados en el reparto de oportunidades en la vida, ¿no deberíamos detenernos a observar cuánta necesidad hay a nuestro alrededor? ¿No deberíamos hacer algo? Sin duda alguna, de haber nacido en un slum, todos nosotros estaríamos preguntándonos por qué nadie hace nada para ayudarnos a salir de la miseria.

Los Gobiernos e Instituciones son responsables de mucho de los males sociales que nos afectan, pero también está en nuestras manos el cambiar  aquellos puntos del sistema con los que nos estamos de acuerdo, en la medida de nuestras posibilidades y con pequeñas obras.

Campesino de Gomoa Bensu, Central Region.
Campesino de Gomoa Bensu, Central Region.
Quizás no somos políticos, no hablamos diariamente en el Parlamento ni en televisión, no tenemos un espacio en una columna de opinión de un  prestigioso diario, por tanto no llegamos a las masas; pero desde luego, somos personas libres en nuestra sociedad, que podemos llegar hasta el corazón de alguien sencillo que sufre, alguien cercano o lejano a nuestro entorno familiar; pero que en definitiva  no tiene cómo salir de su círculo nefasto de mala racha.


Tenemos voz y voto, que debería ser usado como nuestra mayor arma de defensa ante aquellos aspectos de nuestro sistema democrático con los que no estamos de acuerdo. ¡Tenemos ideas, tenemos experiencia social !

En nuestro interior hay ganas de cambios. No es cuestión de ser meros soñadores pasivos que se limitan a hablar de cambios sin mover ni un dedo, sino que todos podemos ampliar el abanico de oportunidades de quien tenemos a nuestro lado, con pequeños gestos, con pequeños esfuerzos, con pequeñas iniciativas.

Si creemos que  el reparto de oportunidades, de recursos naturales y tecnológicos, de acceso a la educación y al progreso a nivel mundial es alarmantemente injusto; deberíamos preguntarnos, tanto a nivel individual como colectivo; ¿qué hacemos al respecto?

¿Cómo cambiamos lo que no nos gusta del sistema? ¿Cómo hacer un uso más equitativo de las riquezas?
¿Cómo repartir mejor las oportunidades  sociales que han sido distribuidas sin nuestro consentimiento pero con nuestra complicidad?



Madre e hija cargando leña en la zona rural de Gomoa, Central Region.
Madre e hija cargando leña en la zona rural
de Gomoa, Central Region.

Cada uno de nosotros tiene el poder de cambiar la vida de alguien más, para mejor y para siempre. Si  a su vez, esa persona (ahora beneficiada por nuestra ayuda) y agradecida por el cambio que ha dado su vida, decide ayudar a un tercero; la  cadena de oportunidades comienza a desarrollarse y el beneficio  social que se consigue finalmente es incalculable.

Sentados en la comodidad de nuestros salones, rodeados de nuestro entorno familiar conocido, leemos sobre las desgracias y penurias que eliminan poco a poco a millones de personas que viven en  la pobreza. Vemos documentales sobre África, Asia y Latinoamérica; sobre pobreza, enfermedades, abusos y explotación, pero todo eso nos resulta lejano. No estamos ahí para verlo directamente con nuestros propios ojos.



Chica vendiendo en la estación de tro tros de Koforidua.
Chica vendiendo agua en la estación
de tro tros de Koforidua, Ghana Oriental.



Con la explosión de la burbuja inmobiliaria en 2008, la crisis Americana que salpicaría a Europa y la caída  bursátil de las principales economías mundiales; muchos países europeos, entre ellos España; se vieron sumergidos en una gran crisis económica y financiera: un oscuro túnel que nos condujo al  desorbitado aumento de las cifras del paro (especialmente entre la población más joven), al estancamiento del Sector industrial y el sector Servicios; al aumento de impuestos, reducción de salarios, cierres de fábricas y empresas, miles de despidos y  consecuentemente; al incremento de pobreza social. Por no mencionar todos los casos de corrupción política que salieron a relucir, desde entonces.


¿Y ahora? ¿ Hacia dónde vamos? ¿ Culpamos a un tercero o decidimos hacernos capitanes de nuestros propios destinos? ¿ Nos centramos sólo en nuestra propia situación o  aprendemos a mirar al de al lado  quien también sufre y lucha por sobrevivir? Al compartir  nuestro sufrimiento en tiempos de crisis y dificultades, el progreso alcanzado es mucho mayor.

Siempre se puede hacer algo. Siempre hay esperanza cuando se trabaja desde los valores que fomenta una buena educación social: responsabilidad ciudadana, solidaridad, esfuerzo, progreso equitativo, honestidad, desarrollo sostenible y tantos otros valores que a menudo olvidamos que existen y están a disposición de todos.

Niñas de nuestro barrio en Ashaiman.
Niñas de nuestro barrio en Ashaiman.
Los niños son el futuro. Las nuevas generaciones son la clave para conseguir finalmente mejorar los aspectos negativos de nuestro sistema corrupto. Invertir en ellos y en su educación, es invertir en un mundo mejor y esta idea no es fantasía sino una realidad.

-Madame  ¿en España hay gente pobre?- me preguntan  mis alumnos en clase.

-Sí, contesto. Y debido a una crisis económica y corrupción en el Gobierno, cada vez hay más gente pobre en España.



- Madame... y  ¿en Argentina?

-Sí. Mucha gente pobre que necesita ayuda para sobrevivir. Argentina es un país rico en recursos naturales, en ganado y muy desarrollado en el sector de  industria alimentaria. Sin embargo, miles de personas están malnutridas y en algunas zonas del país mueren por no tener los recursos básicos.

Todos se sorprenden. La percepción de pobreza de nuestros alumnos se limita a su entorno conocido. Conocen la pobreza en  su barrio de Ashaiman, en las afueras de Accra, en los  pueblos de Ghana y en  África en general... pero ¿ Europa tiene gente pobre? ¿ Latinoamérica ?  (para ellos en  Europa  todos son ricos y  Latinoamérica  es una zona desconocida, no saben sobre la penosa realidad que afecta a la población latina)

- Pero... ¿hay pobres que piden en la calle? - me preguntan insistiendo.

- ¡Sí! Desgraciadamente hay  gente pidiendo en las calles, durmiendo en las calles y muriendo en las calles. Porque para todo pobre que sufre, sea en el país que sea; vivir le cuesta la vida misma.

 Entonces, su curiosidad se despierta y quieren saber más. Porque cuando hablamos de pobreza hablamos también de nuestra dignidad como seres humanos. Si nuestro país no puede darnos oportunidades para que tengamos una vida digna, entonces ¿quién debe darnos oportunidades? ¿quién debe abrirnos puertas?

La respuesta  es ' nosotros mismos'. Nosotros mismos debemos abrirnos las puertas unos a otros; esas mismas puertas que nuestro sistema se encarga de cerrarnos en la cara y que ni siquiera abre para los pobres.

De esta forma, todos aprendemos juntos en clase. Por un lado, la visión del mundo  de nuestros alumnos se amplía y por otro, yo no dejo de preguntarme cómo podemos entre todos cambiar esta situación. Quizás la clave esté en nuestro ofrecimiento de pequeñas oportunidades que cambien la vida de personas que  tenemos a nuestro alrededor y sabemos que sufren.

Recordemos siempre que con pequeñas obras, se consiguen grandes cambios. Se salvan vidas.